En la compañía donde trabajamos, tenemos una salita a la que todos van si quieren tomarse un descanso. Hay cafecito, galletas y otros dulces, y una pizarra enorme donde cada uno puede mostrar un poco de su arte o sencillamente dejar mensajes a los demás. Y es por ese medio que todos y cada uno de los que estamos en este lugar vivimos enterados de la vida de Evita. No hay día en que la niña no deje algún mensaje, y nunca es para alguien específico, sino para todos: Hoy: cena romántica con un abogado. Evita, Estoy tan enamorada. Evita, Mi vida es perfecta desde que este hombre llegó. Evita, Nunca pensé que los cachimbos besaran tan rico. Evita, Estoy resaqueada después de una noche loca. Evita, etc, etc, etc.
Para todos está claro que la fulana cambia de galán como cambia de calzón y que cada una de sus nuevas conquistas debe ser anunciada con bombos y platillos (y con lujo de detalles) en la pizarra. Si tomáramos una prueba entre todas las oficinas, es un hecho que todos obtendrían más puntaje en un test sobre la vida amorosa de Evita que en uno sobre nuestra chamba. ¿A qué se dedicaba el último ex? ¿Cuántos años tiene el actual? ¿Adónde fueron el fin de semana pasado?
De la misma manera que nuestra compañera de trabajo hace pública su felicidad amorosa, también se encarga de ponernos al tanto de sus desdichas. “Parece que ya la dejaron otra vez” se rumorea cada cierto tiempo. Y es ahí donde Evita muestra su lado más patético en nuestro mural: Me siento hasta las patas, quisiera estar contigo. Evita, Sí, pienso en ti todo el tiempo. Evita, No puedo creer que haya pasado dos semanas sola. Evita, Estoy cansada de estar libre. Evita, Necesito un novio. Evita, En busca de un hombre guapo. Evita, Me gustan los menores, pero también los mayorcitos!!! Evita.
Pero la cerecita del postre se dejó ver hace unos días. July, que siempre anda dando consejos a todos y vive preocupada por los demás, siempre había considerado que debíamos acercarnos a Evita para que no siguiera dando un espectáculo tan triste. Como nadie quería hacerlo, fue ella la que buscó su conversación en uno de los recesos. Aprovechó que la señorita empezó a lamentarse de su “larga” soledad (aproximadamente un mes) para decirle que no debía desesperarse o tomar ese tiempo como una mala época. “Estar sola también es interesante, puedes hacer muchas cosas para engreírte a ti misma y profundizar tus relaciones de amistad”, le dijo July. Evita la miró de arriba a abajo y miró a todos los que en ese momento pasábamos de casualidad por el lugar: “Olvídalo. Una mujer que está sola es una loser total. Si no puede conseguir un novio es porque es una estúpida.” Y se marchó, con la mirada en alto y orgullosa de su filosofía de vida.
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viernes, 18 de abril de 2008
lunes, 24 de marzo de 2008
Soy amigo tuyo, no de tus problemas
Aun cuando se pueda pensar en los enamorados o novios como fuentes solo de diversión, es cierto que la mayoría de veces también se espera apoyo y comprensión de parte de ellos. Mucho más cuando con esa persona ya estás años, y, por lo tanto, es o parece ser una relación seria y madura. Eso es lo que pensaba Sandra hasta que llegaron un par de semanas de lo más terribles. Por un lado, coincidió con que llegaban del extranjero unos familiares de su novio, Paul. Él estaba como loco tratando de atender bien a sus parientes, algo en lo que Sandra lo apoyó completamente. Mientras tanto, la procesión iba por dentro porque Sandra no solo tenía problemas en su trabajo, sino parecía que el concurso al cual se había presentado para que le financien un proyecto no iba a resultar. Sandra esperó pacientemente a que los familiares de Paul se fueran para contarle sus problemas, que al final, terminaron con Sandra sin trabajo y sin financiamiento. Estaba muy deprimida y esperaba que Paul pudiera consolarla. Para su decepción, Paul solo se limitó a decirle que qué pena, que no quedaba otra que seguir cada uno con lo suyo. Lo peor vino el primer fin de semana libre que tenían sin los parientes, cuando Sandra pensó que lo podían pasar juntos dado que todavía se sentía muy mal de ánimos. Sin embargo, al llamar a Paul para decidir adónde ir, este le dice que ha invitado a sus amigos a ver el partido de fútbol, pero que claro "tú también estás invitada".
Sandra, entonces, explotó y le soltó todo lo que tenía guardado: su falta de apoyo, su escasa comprensión de cómo se sentía ella y su falta de reciprocidad dado que ella sí había estado apoyándolo todo el tiempo. Paul también explotó pero para decirle que no sea exagerada, que más quería que le dijera, que ya le había dicho que sentía mucho lo del trabajo y del proyecto, que además ella era una terca por haber insistido en algo que de hecho no iba a resultar, que siempre le había dicho que sus compañeros del trabajo eran de lo peor, etc, etc. Pero lo peor vino cuando le dijo "yo no estoy para ayudarte con tus problemas, yo puedo hacerte pasar ratos agradables pero no quitarte la depresión, y no me pidas que yo también me deprima en solidaridad contigo".
Se pueden imaginar lo que fue para Sandra. Sin embargo, como para no “decepcionar” a nuestros lectores, su rabia y cólera hacia el egoísmo de Paul solo duró esa tarde. Igual fue para ayudarle a atender a sus amigos, aunque, claro, Paul la recompensó sacándola a comer el domingo. ¿Y así dicen que no nos gustan los chicos malos que nos tratan como trapeador?
Sandra, entonces, explotó y le soltó todo lo que tenía guardado: su falta de apoyo, su escasa comprensión de cómo se sentía ella y su falta de reciprocidad dado que ella sí había estado apoyándolo todo el tiempo. Paul también explotó pero para decirle que no sea exagerada, que más quería que le dijera, que ya le había dicho que sentía mucho lo del trabajo y del proyecto, que además ella era una terca por haber insistido en algo que de hecho no iba a resultar, que siempre le había dicho que sus compañeros del trabajo eran de lo peor, etc, etc. Pero lo peor vino cuando le dijo "yo no estoy para ayudarte con tus problemas, yo puedo hacerte pasar ratos agradables pero no quitarte la depresión, y no me pidas que yo también me deprima en solidaridad contigo".
Se pueden imaginar lo que fue para Sandra. Sin embargo, como para no “decepcionar” a nuestros lectores, su rabia y cólera hacia el egoísmo de Paul solo duró esa tarde. Igual fue para ayudarle a atender a sus amigos, aunque, claro, Paul la recompensó sacándola a comer el domingo. ¿Y así dicen que no nos gustan los chicos malos que nos tratan como trapeador?
lunes, 17 de marzo de 2008
O ellos o yo
Cuando vives con tus padres, es difícil ignorar sus reglas, incluso si estas suponen dar prioridad a ciertas situaciones antes que otras, o darles prioridad a ellos antes que a un enamorado. Mónica, por ejemplo, sabía que debía acompañar a sus padres a la mayoría de reuniones familiares, pues para ellos era toda una tradición que todos los hijos, nietos, primos y demás miembros de la familia estuvieran presentes.
El problema surgió cuando Alejandro, el enamorado de Mónica, hizo un hábito el ir a la casa de ella todas las tardes de los viernes. Las semanas habían pasado tranquilas, sin ningún evento especial que motivara una salida, hasta que llegó el cumpleaños del abuelo que cayó, oh casualidad, un viernes. Alejandro había llegado a la casa a eso de las 5 de la tarde, como era su costumbre, pero no pudo quedarse hasta las 10 como normalmente lo hacía, porque a eso de las 7 la mamá de Mónica dijo “Hijita, te despides de una vez, ¿ya? Alejandro, si quieres te dejamos por ahí porque tenemos que salir.” El muchacho miró a Mónica esperando una reacción, y ella cogió una casaca y levantó las cejas con resignación. Finalmente, él prefirió regresarse por su cuenta.
Al lunes siguiente, la histeria se adueñó de la cafetería de la universidad cuando Alejandro le armó un soberano escándalo a Mónica increpándole el haber elegido irse con sus padres en lugar de quedarse con él. Ella justificó su decisión aludiendo que no podía dejar de ir a esa reunión familiar, argumento que a él le pareció de lo más absurdo. “Me botaste, tu vieja me botó, está claro que me odian en esa casa”. Mónica simplemente lloraba, aunque hacía un esfuerzo en su mente por intentar conectar las ideas y darle sentido a lo que decía su novio.
“Nunca más voy a volver a tu casa, olvídalo. ¿Para qué? ¿Para que me humillen? ¿Para que me traten como a un perro? Ni hablar. Si tú quieres que sigamos, tendrás que ir a mi casa, pero lo que es yo no vuelvo a pisar esa casa. Cuando nos casemos, no sé como harás pero yo no me pienso aparecer por ahí. Irás con nuestros hijos, que los conozca tu familia si quieres, pero de mí no sabrán jamás”. Y en la mente de Mónica el sancochado de ideas se hizo aun más confuso cuando se vio diez años después cargando ella sola un par de hijos, llena de paquetes e inventando excusas para explicar la ausencia de Alejandro. ¿Ya tienen la misma imagen en la cabeza?
El problema surgió cuando Alejandro, el enamorado de Mónica, hizo un hábito el ir a la casa de ella todas las tardes de los viernes. Las semanas habían pasado tranquilas, sin ningún evento especial que motivara una salida, hasta que llegó el cumpleaños del abuelo que cayó, oh casualidad, un viernes. Alejandro había llegado a la casa a eso de las 5 de la tarde, como era su costumbre, pero no pudo quedarse hasta las 10 como normalmente lo hacía, porque a eso de las 7 la mamá de Mónica dijo “Hijita, te despides de una vez, ¿ya? Alejandro, si quieres te dejamos por ahí porque tenemos que salir.” El muchacho miró a Mónica esperando una reacción, y ella cogió una casaca y levantó las cejas con resignación. Finalmente, él prefirió regresarse por su cuenta.
Al lunes siguiente, la histeria se adueñó de la cafetería de la universidad cuando Alejandro le armó un soberano escándalo a Mónica increpándole el haber elegido irse con sus padres en lugar de quedarse con él. Ella justificó su decisión aludiendo que no podía dejar de ir a esa reunión familiar, argumento que a él le pareció de lo más absurdo. “Me botaste, tu vieja me botó, está claro que me odian en esa casa”. Mónica simplemente lloraba, aunque hacía un esfuerzo en su mente por intentar conectar las ideas y darle sentido a lo que decía su novio.
“Nunca más voy a volver a tu casa, olvídalo. ¿Para qué? ¿Para que me humillen? ¿Para que me traten como a un perro? Ni hablar. Si tú quieres que sigamos, tendrás que ir a mi casa, pero lo que es yo no vuelvo a pisar esa casa. Cuando nos casemos, no sé como harás pero yo no me pienso aparecer por ahí. Irás con nuestros hijos, que los conozca tu familia si quieres, pero de mí no sabrán jamás”. Y en la mente de Mónica el sancochado de ideas se hizo aun más confuso cuando se vio diez años después cargando ella sola un par de hijos, llena de paquetes e inventando excusas para explicar la ausencia de Alejandro. ¿Ya tienen la misma imagen en la cabeza?
domingo, 24 de febrero de 2008
Basureadas III
Aun cuando tenemos muchísimos más ejemplos de basureadas, con este tercer post sobre el tema, vamos a cerrar la serie basssura.
El caso que nos ocupa ahora no solo es un ejemplo de los desconsiderados que pueden ser los hombres, sino también de la nula reacción que tienen las mujeres para hacerse respetar. Alfonso y Paula son enamorados y ya llevan varios meses de relación. Alfonso es el típico joyón que ya hemos descrito en posts anteriores: prefiere estar con sus amigos, no la saca seguido, etc. Entre su grupo de amigos, se encuentra una chica llamada Clara. Esta última siempre mira feo a Paula, por lo que ella sospecha que a aquella secretamente o le gusta Alfonso o es muy posesiva con sus amigos. Una tarde, están los tres en la casa de Alfonso conversando. De pronto, Alfonso le dice a Paula que va a ir al cine con Clara. Paula no lo puede creer y piensa que está bromeando. Sin embargo, a eso de las 6 pm, Alfonso y Clara se levantan para irse, y Paula también tiene que hacerlo. En la calle, Alfonso y Clara se despiden de Paula sonrientes y se van juntos para al cine dejando a la pobre Paula completamente atónita. Durante un rato, ella no logra entender a cabalidad qué es lo que ha pasado ahí. Sabe muy bien que no hay nada entre ellos dos, pero no sale de su asombro al darse cuenta de lo patán que puede ser Alfonso y de lo conchudas que pueden ser ciertas mujeres. Lamentablemente, aun cuando sabe todo eso, prefiere no hacerse de problemas y no le reclama nada a Alfonso al día siguiente. Internamente, sabe que Alfonso no va a hacer caso a sus reclamos, que sabrá manipularla como siempre y le volteará la tortilla acusándola de "celosa", "loca", etc. Le dirá que es de lo más normal salir con una amiga al cine y que no tiene por qué hacer tanto escándalo.
Aunque sabemos que muchos lectores no creerán esta historia, podemos asegurarles que es cien por ciento real. Comprendemos, sin embargo, que muchos no crean que pueda existir alguien o tan joyón o tan tarado (tal vez sí piensa en el fondo que no ha hecho nada malo) para salir con otra chica al cine (por muy amiga que sea) y hacerlo delante de la enamorada. No podemos eximir de culpa a Paula tampoco. Tal vez sí debió haber hecho un escándalo en ese momento, para dejarles bien claro a Alfonso y a Clara que no podían burlarse de ella tan campantes. O si no, al día siguiente, ya tenía que haber terminado con él. ¿O no lo ameritaba?
El caso que nos ocupa ahora no solo es un ejemplo de los desconsiderados que pueden ser los hombres, sino también de la nula reacción que tienen las mujeres para hacerse respetar. Alfonso y Paula son enamorados y ya llevan varios meses de relación. Alfonso es el típico joyón que ya hemos descrito en posts anteriores: prefiere estar con sus amigos, no la saca seguido, etc. Entre su grupo de amigos, se encuentra una chica llamada Clara. Esta última siempre mira feo a Paula, por lo que ella sospecha que a aquella secretamente o le gusta Alfonso o es muy posesiva con sus amigos. Una tarde, están los tres en la casa de Alfonso conversando. De pronto, Alfonso le dice a Paula que va a ir al cine con Clara. Paula no lo puede creer y piensa que está bromeando. Sin embargo, a eso de las 6 pm, Alfonso y Clara se levantan para irse, y Paula también tiene que hacerlo. En la calle, Alfonso y Clara se despiden de Paula sonrientes y se van juntos para al cine dejando a la pobre Paula completamente atónita. Durante un rato, ella no logra entender a cabalidad qué es lo que ha pasado ahí. Sabe muy bien que no hay nada entre ellos dos, pero no sale de su asombro al darse cuenta de lo patán que puede ser Alfonso y de lo conchudas que pueden ser ciertas mujeres. Lamentablemente, aun cuando sabe todo eso, prefiere no hacerse de problemas y no le reclama nada a Alfonso al día siguiente. Internamente, sabe que Alfonso no va a hacer caso a sus reclamos, que sabrá manipularla como siempre y le volteará la tortilla acusándola de "celosa", "loca", etc. Le dirá que es de lo más normal salir con una amiga al cine y que no tiene por qué hacer tanto escándalo.
Aunque sabemos que muchos lectores no creerán esta historia, podemos asegurarles que es cien por ciento real. Comprendemos, sin embargo, que muchos no crean que pueda existir alguien o tan joyón o tan tarado (tal vez sí piensa en el fondo que no ha hecho nada malo) para salir con otra chica al cine (por muy amiga que sea) y hacerlo delante de la enamorada. No podemos eximir de culpa a Paula tampoco. Tal vez sí debió haber hecho un escándalo en ese momento, para dejarles bien claro a Alfonso y a Clara que no podían burlarse de ella tan campantes. O si no, al día siguiente, ya tenía que haber terminado con él. ¿O no lo ameritaba?
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